lunes, 28 de mayo de 2012

La escena del rock platense: entre la diversidad y la vigencia


Una identificación caprichosa del rock platense podría sugerir que en la diversidad artística de sus músicos y sus poetas se encuentra esa matriz estética que rompe la rigidez arquitectónica de la ciudad y sus habitantes, acostumbrados al ritmo semanal de la demanda laboral de oficinas públicas y comercios.
Es que si La Plata es, a su vez, una urbe moderna por adopción capitalina, también es una ciudad bucólica de espíritu que hace de ella y su Universidad el lugar donde se condensan las experiencias artísticas que convierten al rock platense en una escena de estilos diversos, pero homogénea a la vez.
Ocurre que lejos de anular las estéticas, la particularidad del rock local es que históricamente unificó y complementó a unas con otras, situación que permite percibir una variedad de propuestas musicales que forman parte del legado que le imprimieron, al rock en particular, las costumbres culturales del medio local. En principio, porque la esencia del rock platense integró desde siempre a la música, al cine y al teatro, fogoneado por el pulso de la vida universitaria en las calles y los rincones de la ciudad.
Un "estilo" enmarcado en esa identidad juvenil y generacional propia, y casi única de La Plata, que rompe la monotonía y el letargo "pueblerino" de una ciudad encajonada por la ambigua postura de ser, a su vez, una capital provincial eclipsada por los sonidos del cosmos porteño.
Sin embargo, es ese rasgo, justamente, como apunta Sergio Pujol1, el que delimita y modela una forma de vida específica de los jóvenes platenses, no nativos en un gran número, que piensan y viven como comunidades, "propiciando la circulación de ideas" en forma de canción y poesía.
Siguiendo a Pujol, la característica del rock platense es que "no tuvo, como la Capital, una negación generacional que la rechazara"; porque no hubo, dice, una troupe de tangueros o jazzeros que mediaran, en los ‘60 y los ‘70, cuando se precipita la escena de la mano de La Cofradía y luego con Los Redondos (por citar los casos que trascendieron la frontera de la 32), para impedir la irrupción de la estética joven del rock local.
De esta forma, si se piensa que "La Plata es una escala y no un destino" porque el platense del interior siempre está en una situación de tránsito, la identidad poética y artística de la escena no se ve condicionada por el lugar; "no le canta a la nostalgia y el desarraigo", como el tango y el folklore, sino a "problemas universales y transnacionales que tienen que ver con una amplitud de miradas”.2
Podría definirse entonces como un hilo conductor de la cultura joven de la ciudad que sigue la huella de las ganas de decir, cantar y experimentar, sintiéndose parte de un momento de la vida que para muchos es único: la juventud. Y con una particularidad que la distingue: una urbanidad que desde su misma arquitectura, estéticamente simétrica, hace imposible la incomunicación de las partes: a diferencia de la Capital, las distancias en La Plata no existen y el diálogo entre los sujetos está garantizado, integrando, noche a noche, a una gran cantidad de músicos, artistas, cineastas, periodistas y estudiantes.3
Siguiendo esa línea de análisis, el periodista Franco Ruiz la delimita desde dos marcas esenciales: su perfil netamente interdisciplinario y la falta de prejuicios de los actores que la integran y conforman a la vez. Y agregamos una, puerta para otro tipo de trabajo: la fuerte impronta social de clase media que aún sobrevive, reflejo indudable de su carácter receptor de vida universitaria.
En el cruce de alcurnias y trayectorias, ilustra Ruiz, “la escena platense se recrea a sí misma, y aparece el folklore superpuesto a las nuevas tendencias de la música electrónica; la chacarera y el hip-hop; el tango y el llamado "rock barrial"; los punks y los dj's; todos juntos, haciendo posible ir de una fiesta electrónica a una peña sin tantos prejuicios".4
La escena local, de esta manera, surca una diversidad de estilos que se homologan sólo como marca identitaria, y le dan forma a un rasgo distintivo donde cada grupo busca imprimirle a su arte la ambigüedad y la ironía propias de las corrientes que salen de la declamación explícita.
Y si hay una tradición ineludible en el rock platense, desde La Cofradía, Los Redondos y Virus, pasando en los ‘90 por los Gorriones, Estelares, Mister América o Pángaro; hasta hoy, con grupos como Norma, El Mató, Mostruo!, Nerd Kids, Crema del Cielo o Sr. Tomate, esa tradición es la sensación de ir a contramano de la literalidad y la arenga estilística de eso que muchos llaman "rock chabón": ningún rincón de la ciudad donde resuenen los tonos de una guitarra tendrá "líderes" que inviten a escuchar la frase políticamente correcta, sino todo lo contrario: volverán a empezar siempre, para no dar nada por entendido porque sólo en la ambigüedad y la ironía parece percibirse el juego del rock.

"Rock chabón” y después
Sin pretender un análisis que exceda el marco ensayístico, lo primero es desenmascararse de cualquier limitación etnocéntrica, clasista y hasta nostálgica, propia de muchos escritores, periodistas o investigadores, que refieren a este tipo de categorizaciones. Lo que no sugiere, que quede claro, ser imparcial con respecto al comportamiento de sus actores (músicos/público) y las estéticas que los interpelan e identifican.
Si el punto de partida es sociológico, anclando en el público en tanto sujeto que conforma su identidad, el “rock chabón” se inserta como la expresión suburbana de las clases populares juveniles, sumergidas en un contexto de degradación social y cultural profundizado en los ’905, que se sienten representadas con los patrones emancipatorios de su simbología.
El rock chabón se desprende, así, como una nueva forma de interpelación e intención crítica de los sectores populares hacia la sociedad y el orden dado: Semán y Vila exponen la emergencia de un rock “neocontestatario” (como etapa posterior al “rock de protesta” de la tradición rockera del ‘60 y el ‘70), popular, que procesa la festividad y la diversión en clave crítica e inaugura inéditas formas de oposición a “ese mundo de consumo y confort siempre más prometido que accesible”.6
Otras miradas sobre el mismo eje, pero que ponen el acento en el contenido y la poética de las experiencias artísticas musicales, como la de Esteban Rodríguez7, procesan las costumbres del rock argentino en clave estética. Lejos de cualquier foco peyorativo sobre el componente social del llamado “rock chabón”, el autor desanda la actitud artística del cancionero y la poética “chabona”, en oposición a esa otra corriente rockera que caracteriza como “pop elegante”.
La lírica del rock chabón, asegura, cae en un conjunto de lugares comunes y frases hechas que suponen una gran subestimación del público que lo sigue y que se desentiende de las dos tradiciones genéricas del rock argentino: aquella que vertebra de Manal y Moris, hasta Los Redondos y Sumo; y la otra, que nace con Los Gatos, Almendra y Spinetta, y se prolonga con Charly o Cerati.
A esa poética que Rodríguez etiqueta como oportunista, previsible y literal, que se abre a la obviedad y el lenguaje televisivo, se eclipsa la incertidumbre lírica del “pop elegante”, que vuelve sobre el legado de Los Redondos y tiene en Virus a uno de sus referentes más importantes: el rock que insiste en la elegancia, la sensualidad y el deseo que apela al placer de la ironía y el enigma más sutil, sin perder en muchos casos la crudeza que se le reclama al género.
En estos últimos es donde se configura la escena local, como enfoca el periodista Oscar Jalil8: "el rock facturado en la ciudad no siempre acompañó el compromiso ideológico que exigía el momento político”. Mucho más atentos a cambios personales y espirituales, desliza, “esa línea de pensamiento, a simple vista descomprometida, proyectó su arte a través de alegorías y metáforas".
A ojos “apolítico” para aquellos espacios que le reclaman al artista el estrado del compromiso social, el rock platense parece redundar siempre en el sarcasmo moderno y la ambigüedad poética, más que orientarse hacia la arenga explícita y previsible. Una marca, a decir de Jalil, que atraviesa a la mayoría de los letristas del rock local, con una influencia cofrádica e independiente que fue retomada por Los Redondos y Virus; por la generación de recambio de finales de los ’80 y los ‘90, con Las Canoplas, Los Gorriones o músicos como Moretti, Astarita y Pángaro; hasta nuestros días, inspirándose en "el legado artístico de saberse independiente en lo creativo y poco sumiso a los dictados del negocio musical".
Sólo de esta forma, y pese a las categorizaciones de ese encasillamiento a veces cómodo llamado "subgénero" (el reggae de Encías Sangrantes o La Ombú; el tecno-industrial de La Secta; el "minimalismo" sonoro de Norma o El Mató; hasta el rock de guitarras más clásico de los Lunfardos o, con las distancias estéticas del caso, Mostruo!), parece comprenderse la vigencia actual de esa marca distintiva del rock platense, que es lo que cuenta en cada rincón de la ciudad, cada fin de semana.

* Un escrito de 2008 para el número dos de la revista El Agitador.

Notas
1 Profesor, historiador e investigador de la UNLP. En: Revista “La Pulseada”, noviembre de 2002.
2 Rosso, Alfredo. Idem.
3 Ese cruce interdisciplinario y artístico de la escena se potencia con el rol vinculante de emisoras como Universidad (107,5), y de otras comunitarias como Radio Estación Sur (91,7), sumado a la consolidación de sellos que promocionan y alientan la producción de bandas independientes y/o universitarias (Laptra o Cala Discos); y a la aparición, hace poco más de un año, de un diario (De Garage) editado íntegramente por y para la escena del rock local.
4 Ruiz, Franco: “El legado de una música con luz propia. La escena platense de los años ‘90”. Revista Tram(p)as de la Comunicación y la Cultura, mayo de 2007.
5 Semán, Pablo; Vila, Pablo: “Rock chabón e identidad juvenil en la Argentina neoliberal”. En: Entre santos, cumbias y piquetes, 2000.
6 Idem, p.256. Cinco años después, con la bisagra Cromañón a cuestas, Sergio Marchi (”El rock perdido: de los hippies a la cultura chabona”, 2005) dirá que esa “degradación” social y cultural ya no sólo interpela al rock chabón, sino que forma parte de su identidad constitutiva hasta en el mismísimo ritual; y lo simboliza sin eufemismos: banda y bandas, público y músicos, complotando en rebeldía para entrar y prender candelas en un lugar cerrado y con material altamente inflamable sobre el escenario.
7 Rodríguez, Esteban: “Entre la elegancia del pop y el rock chabón”, octubre de 2005. En: www.rodriguezesteban.blogspot.com
8 Jalil, Oscar: “Rock Versión Tinta. Antología del rock platense de los ‘90”. La Plata. Ediciones La Comuna, 2000.

martes, 13 de marzo de 2012

La guerra por otros medios


"Era el peor momento de la joven democracia y el comienzo de una era dorada para Clarín".
La cita simplifica una escena de tantas del estallido de junio de 1989, cuando Menem despuntaba el camino de la desregulación moderna con el anticipado fin del alfonsinismo.
Graciela Mochkofsky, autora de Pecado original: Clarín, los Kirchner y la lucha por el poder, ensaya una genealogía de vínculos políticos e intereses económicos, detrás de la construcción de poder siempre ascendente del Grupo, desde la dictadura hasta los gobiernos constitucionales del nuevo siglo. Y una reflexión, menos coyuntural que existencial y a largo plazo, sobre las políticas de comunicación de los medios públicos en tiempos kirchneristas. En el último Le Monde Diplomatique y a través de Blog de Contenidos, el (mejor) espacio 2.0 sobre medios, del periodista Juan Pablo Mansilla.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Giannuzzi: 8 años


Mi hija se viste y sale
El perfume nocturno instala su cuerpo
en una segunda perfección de lo natural.
Por la gracia de su vida
la noche comienza y el cuarto iluminado
es una palpitación de joven felino.
Ahora se pone el vestido
con una fe que no puedo imaginar
y un susurro de seda la recorre hasta los pies.
Entonces gira
sobre el eje del espejo, sometida
a la contemplación de un presente absoluto.
El instante se desplaza hacia otro,
un dulce desorden se inmoviliza en torno
hasta que un chasquido de pulseras al cerrarse
anuncia que todas mis opciones están resueltas.
Ella sale del cuarto, ingresa
a una víspera de música incesante
y todo lo que yo no soy la acompaña.

Poética
La poesía no nace.
Está allí, al alcance
de toda boca
para ser doblada, repetida, citada
total y textualmente.
Usted, al despertar esta mañana,
vio cosas, aquí y allá,
objetos, por ejemplo.
Sobre su mesa de luz
digamos que vio una lámpara,
una radio portátil, una taza azul.
Vio cada cosa solitaria
y vio su conjunto.
Todo eso ya tenía nombre.
Lo hubiera escrito así.
¿Necesitaba otro lenguaje,
otra mano, otro par de ojos, otra flauta?
No agregue. No distorsione.
No cambie
la música de lugar.
Poesía
es lo que se está viendo.

Noticias
Cuando la comedia humana se pone movida
los periódicos abundan en golpes de estado, huelgas generales
crímenes, bodas, insurrecciones y muertes terribles.
Del basurero de la historia no colman la medida.
Sin embargo
¿quién consagró esos hechos?
Esta mañana el viento
golpeó en algunas ventanas.
Un perro y un hombre cruzaron la calle.
María reclinó la cabeza a las tres de la tarde.
Nadie contó estas verdades.
No hay sucesos pequeños.
En el taller de mi esquina, cuando amanecía
un obrero puso en marcha un motor.
Nadie habló de ese gesto oscuro.
Pero a partir de entonces
infinitas cosas se pusieron a funcionar a causa suya.
Así, de simple y rico,
y tan fecundo hacia distintas direcciones
el menor movimiento de tu mano

Fulgor en el subte
Los jóvenes amantes se lamían
las caras y las manos, desnudando
en la pública luz
la energía de la creación, la mutua
penetración de la materia viva.
Entonces los señores y tristes pasajeros
se irguieron esperando que el incendio
estallara hacia todas direcciones y destinos:
dejando que esa fuerza
se filtrara en ellos y cavara
en ropas, carnes, metales y maderas,
hasta un liberado resplandor.

Los destinos
Cuando esa noche el teléfono
sonó en la casa de pensión
el mundo extendió en el aire
un abanico de presagios diversos.
Pero el llamado no era para mí.
Otro hombre salió de su habitación
y sonoliento se encaminó al encuentro
de una oportunidad que a mí se negaba.
El hombre regresó con los ojos brillantes
y yo me senté y bostecé en la cama
esperando mi turno en la confusión
de una lotería abyecta

Por alguna razón
Compré café, cigarrillos, fósforos.
Fumé, bebí
y fiel a mi retórica particular
puse los pies sobre la mesa.
Cincuenta años y una certeza de condenado.
Como casi todo el mundo fracasé sin hacer ruido;
bostezando al caer la noche murmuré mis decepciones,
escupí sobre mi sombra antes de ir a la cama.
Esta fue toda la respuesta que pude ofrecer a un mundo
que reclamaba de mí un estilo que posiblemente no me
correspondía.
O puede ser que se trate de otra cosa. Quizás
hubo un proyecto distinto para mí
en alguna probable lotería
y mi número no salió.
Quizá nadie resuelva un destino estrictamente privado.
Quizás la marea histórica lo resuelva por uno y por todos.
Me queda esto.
Una porción de vida que me cansó de antemano,
un poema paralizado en mitad de camino
hacia una conclusión desconocida;
un resto de café en la taza
que por alguna razón
nunca me atreví a apurar hasta el fondo.

* Excepto "Mi hija se viste y sale" (Principios de incertidumbre, 1980) y "Fulgor en el subte" (Apuestas en lo oscuro, 2000), el poemario que completa fue publicado originalmente en Señales de una causa personal, de 1977.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Adidas

Estudiantes campeón 2010... con Topper: marca registrada

El affaire de la marca de las tres tiras está generando más de una apostilla entre la afición pincha.
Estudiantes, Topper y Verón son sinónimos de vuelta olímpica. La firma viste al plantel desde 2006, con el regreso a la Copa... y de JSV. A la vista, los resultados: dos torneos locales, otros dos subcampeonatos, la Copa Libertadores 2009 y las finales de la Sudamericana y el Mundial de Clubes, a cinco minutos de doblegar al mayor de los pesos pesados: el Barsa de Messi. Sumemos el inédito 7-0 y la racha favorable de clásicos platenses. Y, en adición, fue Topper la que vistió buena parte de otra década de estrellas bordadas: bicampeonato nacional con Bilardo y Manera en el banco, semifinales de Libertadores 1983...

¿Estudianguay (!)? El modelo a bastones 2011 de los guaraníes con las tres tiras

Adidas debutó a mediados de 1988 (recordada remera de bastones mas finos con el mapita de la Provincia en el pecho) y prolongó su vínculo hasta agosto del '94...
... cuando el club firmó con Olan por sugerencia, y algo más, de la dupla de entrenadores, una vez descendidos y en la previa de una calurosa siesta con Douglas en Pergamino.
Redundaría en teclas explicar los motivos de un grupo (amplio) de socios que tratará de "voltear", en asamblea o fuera de cualquier modismo, la patriada de la Comisión Directiva; aunque lo nieguen; aún sea el mayor contrato que la institución pueda llegar a acordar con una marca deportiva: 5 millones de dólares por tres años.
La ficción no superará a la realidad en este caso.
¿O sí?

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Diario de cómo cuestionar la tierra II


Comida
La de la parrillita de Moreno al 2100, esquina Pasco, en la volátil diferencia de Balvanera y Monserrat altura Congreso. Difusa y heterogénea como los que lo habitan y viven, clientes y asadores: coreanos con baratijas electrónicas, peruanos escapados o vendedores de chipá, buñuelos de masacote y Ray-Ban's de 30 mangos.
Otros se la rebuscan al atardecer con la cocina de asfalto en Sarmiento y Pueyrredón: cebiche de pescado y pollo, arroz en chaufa, chancho al ajo o sopa andina, preparados inequívocamente entre el ángulo que dibuja la pared con la vereda. Se le suman universitarios con gestos de bohemia, oficinistas, taxistas, oportunistas de toda hora, prostitutas y meretrices de la sobrevivencian, pendejos rapaces del pan del día: el paco, su obnubilador de penurias.
Las mesas se encolumnan ensimismadas, dejando nulo espacio para el autoservicio o el gesto fraternal de la chica de piernas libres y mirada furtiva que lleva los pedidos; con pausa, pero uno tras otro. En primavera, el dueño gana huecos mudando la mitad de aquellas a la angosta salida de Pasco, convirtiendo la cena en un paisaje reconocible para buscas y pasajeros extranjeros que salen de los tanguerías de Rivadavia. Los más jóvenes se sumergen sobre el ventanal contiguo de la casa abandonada. Apoyan sus carpetas a 45 grados, en la caja plástica de electricidad que sobresale del cordón y que colman los tacheros como mesita de sus abundantes platos, siempre con pan, poca ensalada y el resto de vacío. Todo al paso y desbordante: fritas, vino a la mesa, cerveza popular, o la bondiolita en pan francés que exuda, en sus 18 pesos, más de medio kilo por porción.


Grietas
Supe oírlas en el informativo de Radio Provincia, la AM, que en algunos boletines de mitad de hora se ocupó el 31 de un nuevo mes de la desaparición de Luciano Arruga, el pendejo de 15 años chupado por la Bonaerense por negarse a robar para la corona de la Seccional.
"El sistema tiene fisuras y por esa grieta entramos nosotros". Diego Lublinsky fue amigo de Polosecki y productor de "El otro lado". Estrenó el ciclo "15 años luz", haciendo el pasaje del trabajo de Polo en aquel programa, década y media después, en los mismos espacios, lugares y circunstancias.
"Compañeros de la infancia", "Nombre propio", "El legado" y "Disfraces de carnaval", los cuatro episodios elegidos para el homenaje que muestra desde esta semana Encuentro.


miércoles, 26 de octubre de 2011

Hannibal


Urbano, orillero, barroso, moralmente incorrecto, lumpen, el bar.
Preferimos pegados a la calle, en una mesa doble. Las dos muestran la herencia de huellas de clientes anteriores, que podían ser de días o de minutos antes. Se dibujan varios círculos perfectos cortados por migas blancas y mucho pan rallado.
Tres cuchichean algo sobre mi compañera francesa, pero por la voz grave alcanzan a escucharse. Llevan jogging azul y toman Fernet con unos hielos que son casi agua, desparramados en las banquetas que el dueño propone debajo de la escalera; uno en musculosa; los otros con la ropa del laburo, intuyo. Todos aguardan lo mismo, sabremos.
Sopla el viento y, para esa hora, la primavera muta en invierno cuando oscurece con humedad y rocío en La Plata. La puerta ventana, en suma, no se cierra nunca. El carril por donde debería circular tiene poco aceite, mucho óxido acumulado y ni el dueño ni los clientes se molestan en moverla. La puerta corre dos veces al día: a la mañana, con los acoples del primer sol y los vidrios, y de madrugada, cuando el canillita pasa en bicicleta hacia Gobernación.


En la esquina que forma la pared del baño, el televisor en TyC se traduce como espejo deformante de todo lo que lo rodea. Aprovecho la proximidad casual con Aníbal y le pregunto sobre Pablo Matías Vidal. Me contesta que no se acuerda, que el dibujo que le señalo enmarcado en un cuadro rajado no lo hizo el trovador y que guglee "Un Pacman en el Savoy", "que hicieron un documental corto sobre el tema que me dedicó el Indio". Uno más, pienso, pero este debe tener algo de definitivo. Después lo comprobaría.
Una señora de años llega desde el fondo, en el hueco donde empotraron la cocina a la fuerza. Carga papas de grasa y una copa de aluminio, reservada para algún flan ocasional, ahora llena de condimento rojo. "Salsa de tomate suave", mira el hombre, de prolijo delantal azul tirando a celeste y los bolsillos canguro a cada lado, donde amontona un pilón de monedas que serían la envidia de cualquier drugstore moderno.
El Pelado a los besos ni se inmuta. Apenas mueve la silla, sin levantar el culo, para que el mozo pase por el pequeño pasillo que el movimiento le exigía. Tiene una larga cicatriz tacuara y la mirada rústica hacia calle 5, gesto que parece aguardar una discusión tan inevitable como deseada, la mano izquierda apoyada sobre la calsa negra de la mujer y la derecha sosteniendo un vaso y un cigarrillo.


Se exibe un deportes del Diario El Día, manoseado de la mañana, que sirve de apoyavaso para los que se le animan a la barra. Arriba, cerca de un reloj ya oscuro, la foto de Scioli marca la espiritualidad de la zona. Se le suma una fotocopia, que es a su vez código de convivencia, ilegible, colgada bien alto a aquella otra imagen de quien gobierna, que legaliza todos los excesos: el juego, los dealers, los burros. La cana aprueba sin mirar desde la puerta y nadie deja de fumar en ese minúsculo espacio que copia un efervescente Marlboro que destella del poster de Senna cuando coronaba con Mc Laren.
El simbronazo se sucede puntualmente a las 9. Hubo otros. Dos. Matutino y Vespertino. Aníbal cambia a Crónica, sumiso, desprevenido. Pasan Nocturna y se hace silencio. Profundo. El Pelado ya no la besa. Las discusiones de fútbol y minas se mudan. Las guarangadas se postergan. La señora de años no sirve fritas ni grita. Alguien insiste y le pide el remoto al dueño del bar. Y sube aún más el volumen. Mucho más. Es el momento esperado.

* Un escrito para el número nueve de Apócrifa Revista.

viernes, 14 de octubre de 2011

El reverso del VHS


Siempre me hicieron ruido las sinopsis. No por innecesarias. Esa especie de resumen que uno evitaba ver de la contratapa de los VHS que alquilaba en Video Graf o Imagina, de un DVD o del sin fin de páginas que se multiplican ahora en el triple doble v; aún cuando un amigo trabajaba en el viejo Videomanía de 10 y me instaba, solidario, a abrirme al juego de la lectura, precavido que nada de lo que allí sucediera cambiaría mi gusto por los 90 minutos promedio que había elegido en suerte para esa noche.
Uno no sabe cuándo vendrá ese párrafo equivocadamente ubicado que te despojará para siempre (porque no hay retorno, te lo contaron y está) de toda incertibumbre que hará previsible la película aún antes de verla para, acto seguido, no querer ni oírla. Por eso redacto asomarme a esas cinco líneas con ojos entrecerrados, como cuando chico y no queríamos ver la escena de miedo o suspenso del largo que ocasionalmente tus viejos miraban en Función Privada un sábado a la noche.
Después de ver dos en continuado de este año, me le animé a algo parecido a una sinopsis caótica. Fue a oscuras, en la sala, sólo con la luz tenue del Nokia silenciado para reenviarme el mensaje, como el fondo negro de las cajitas que imitaba el vacío al sacar los casettes.

Medianeras
"Sólo por el guión y el laburo de fotografía para mostrar cierta identidad del ser en Buenos Aires, merece acercarse. Aún el abuso (pensándolo como homenaje del director a las comedias clásicas de Allen) algo forzado de estereotipos sobre categorías tan disruptivas como 'la soledad del porteño medio de 30', que a su vez le dan la trama y la dinámica a la película: la paseadora de perros bisexual de celular trucho y mp3 genérico, el porro fumado en la puerta de un bar demodé en Palermo, los protagonistas que sin conocerse escuchan en simultáneo Basta de Todo de Matías Martin. La planificación arquitectónica que el director demuestra no existe en la cosmopolita Buenos Aires (una cuadra con: un supermercado, tres casas de cien años, dos edificios de quince pisos y otros tantos de cuatro) no es sino la de la incomunicación (el desencuentro dialógico producido por la medianera y la vorágine diaria que sólo puede serlo virtual) y la falta de previsión en el mañana, el después, de las personas que la habitan. De los protagonistas, de él y ella, la arquitecta y el programador. Se autosupera con el final".

La vida útil
"Suerte de búsqueda alrededor del sentido del paso del tiempo en el cuerpo y la mente de un proyectorista programador que encuentra su ocaso, su justa simbiosis, la del amor por la profesión y por la mujer espectadora que lo desbela, en el mismo cine club que lo cobijó 25 años; o reflexión sobre las formas y de cómo los disímiles usos de una obsesión (el cine) pueden transformarnos para encontrar lo positivo al final de la aventura (el amor). Lo impertinente acá no es la pasión desbocada por la cinefilia en sí, sino la manera de reproducirla del protagonista, que no lo inspiraba a encontrarse con un futuro posible".

miércoles, 21 de septiembre de 2011

El arte, fin en sí mismo


Cuanto menos, la nota De Garage deriva como disparador para ensayar nuevas hipótesis ya escritas y reafirmadas, nunca comprobadas. O sí, pero sin absolutos: el universo paralelo de Mister América no lo es, no lo será. No hay espacios cerrados inconmovibles o inmutables. Todo está abierto a la jactancia de nuevas posturas si éstas implican no huir del paraíso para nadie autofundado por Astarita y su séquito.
Con el agua al cuello fue el inicio y la ruptura al fin; el surco necesario de lo instantáneo; lo que permanece el ser humano en los atriles inherentemente incómodos o el precio a pagar de toda búsqueda de experiencia sensorial no ordinaria. Si Con el agua... es el último punto efímero de incomodidad terrenal de MA, Despojado empieza cuando baja la marea, turbia, que conlleva la reconstrucción como equilibrio de fuga. Insano y Rebelde, estados de ánimo coyunturales y abstractos y aún así necesarios, se materializarán con Superación, la prana que surge como mantra final de "esa saga de estados del ser".
Cuando el rock enfilaba hacia su propio iceberg, sintetizará Graziano, de fines de los '90 a Cromañón, Astarita le ponía los últimos ladrillos al submundo de exilio interno de la banda: ese paraíso para nadie más que Mister América.

martes, 13 de septiembre de 2011

Papeles tristes y sed


Volvió. Eléctrico aún cuando navegaba con los amigos de Lincoln por la ruta argentina número 7, ayer, domingo, después de haber almorzado una napolitana con Baggio de litro sabor naranja en un bar del ACA, en el centro del pueblo pensado a pasajeros 50 km de Junín, su primera comida, aquella, desde el asado-cena del viernes a la noche.

Corrida en micro a Luján del centro a la banquina, el trip sumó el avistaje del accidente en la unión del Acceso Oeste y la 7, autostop de cinco minutos (tres autos) en el corte de la bajada y arribo con éxito al lugar el sábado 15 horas, tras congestionamiento ricotero que en barra acechaba el interminable gris bonaerense.
Entrar por un Rosas, 20 pe o mangos, viajar a dedo, luego auto, con moebius nocturnos pos recital de dos de la mañana a cinco, Junín-Lincoln-Junín para cargar los tucumanos que esperaban acostados sobre la tierra seca de la zanja, con un sobreviviente del cotidiano conurbano con el que terminó abrazado reinterpretando la lucha de clases aún por gastar, sólo unidos por los discos que descreían del Pioneer que los cobijaba y la bandera de "Porco Rex" que acompañó alumbrando la luneta del auto, jarra en mano de gaseosa, uva y alcohol, no tiene precio.
Me contó y dijo.

- "Te das cuenta", parece descubrirlo, con la mirada más que con la boca. Los que cantan a su lado "Maldición..." no dejan grietas de silencio.
El nómade que conoció en el cruce de Luján se hace el que entiende, busca las coordenadas. Sólo los altos de estatura pueden ofrecer alguna respuesta entre la uniformidad de cabezas.
- "Habla de droga: co-ca-í-na".
Nada lo sorprendía. Pero no lo notaba, lo intuía: narices, sifones, dientes con envidia de lengua y ladrones de cerebros, eran algunas de sus pistas.
Si uno llega en ese espacio temporal a un recital, pongamos el del Indio, otro tal vez aunque las pruebas digan lo contrario, creerá que toda poética comienza en el bolsillo del saco y termina con la última arremetida de la tarjeta. Aunque no es todo, Bang Bang!, partes de Gulp! y (casi) todo Oktubre, el Indio tienta cantar odas disponibles a cada uno de sus pericos.
El primer tiro fue por el semáforo del cruce. Cristian, el conductor de Matanza, insistía con rescatarse. Lo hacía con el convencimiento de estar seguro. Tenía la mirada tan firme y curtida que no había manera de contradecirlo. Vino, Fanta, jarrón hervidor que por las noches calienta lo del mediodía, mucho hielo, amiguo...
"El resto cuando lleguemos. No quiero saber nada, sabés, amiguo... cuando estás del otro lado. La conocí y pasé. No vuelvo".
Hubo dos y tres seguidos dentro del auto, con la vista hacia atrás ayudados por el polarizado del parabrisas. Cuatro y cinco llegaron después.
"No mires para afuera. Date vuelta, pegate al asiento y usá la billetera".
Al costado del auto, entre el surco que forma la tierra mojada por la humedad del lago, agotador, paranoico, insustituible, se corporizan una multitud de piernas -de remeras negras, gorros, camperas deportivas largas hasta las rodillas, vaqueros, algún que otro saco- que luego a oscuras imitarán la procesión del silencio, de los muertos, pero vivos, que vienen de la batalla con la sabiduría de la misión cumplida.
El parador "El Puente" suelta un cartel verde poco visible desde la banquina, metros después del desvío que lleva al Autódromo. La leyenda resalta sobre el paredón de musgo de los baños, detrás de lo que eran los surtidores de nafta de una segura YPF; apenas se ve, no sólo por el musgo sino por el salto intermitente de los muchos que cantan el segundo tema de Luzbelito que mueve de una F-100 que custodia un chico raquítico, de musculosa cortada, ya gris, con una cara de anteojos sin pelo. Cada dos, uno sostiene el plástico arrancado de las botellas de gaseosa (la parte de abajo) con el que forman un vaso largo, más ancho e inestable que los de vidrio. Cada vibración de las zapatillas instala un empujón que hace volcar los hielos del interior de la copa.
La caravana de autos, percibible tan de cerca como a la distancia, es heterogéna, amplia, policlasista. Una producción casual para sociólogos o antropólogos. La masa conforma un Estado paralelo e itinerante que encuentra asiento donde se lo convoque. Tienen todos un horizonte, el mismo que cantan y cantarán con distintos acordes hasta entrado el domingo. Forman una unívoca marca en la larga línea gris: los desangelados, de antes y ahora, de cualquier barrio del Conurbano y los hijos del campo en camionetas que identifican su gusto por Solari con extensas calcomanías; familias de cuatro o cinco, con peatones perdedores que encuentran futuro en estos días descolgados del almanaque de la sobrevivencia; pendejos de inciertos amaneceres y tipos hechos que esperan la recompensa de su futura pareja; los que cambian el vicio cotidiano de los animadores del juego por perdones para su lengua. Y bocas flojas. Muchas.
- "Ponelo de esta forma".
Cristian estaciona el auto. Con la palma de la mano apenas cerrada sostiene un nylon y se apura; con la izquierda señala la hoja oscura. Respira la impaciencia que hace minutos le desconocía. Quiere entrar con el amontonamiento.
- "Poné llave, subí los vidrios... vamos".

* Publicado originalmente en Manjares en la Azotea.

jueves, 25 de agosto de 2011

El gato del poder


La frase le pertenece ahora a Luis Ventura, periodista de espectáculos (sic), ex técnico, devenido comentarista deportivo de fútbol y actual punta de lanza contra Graciela Alfano, quien trajo a la memoria dispersa del argentino promedio su lugarteniente como amante de uno de los jerarcas de la última dictadura: Emilio Eduardo Massera.
La sospecha, que ya no es tal, trascendió en uno de los tantos documentos desclasificados del Servicio de Inteligencia chileno. Por sus canjes (?), Alfano recibía "costosos regalos": joyas, tapados, autos y hasta inmuebles, que se investigará si pertenecían a militantes políticos desaparecidos. Y más que eso: se aseguró un lugar en el devaluado cine nacional de la época: de las 18 películas que la tuvieron como protagonista, 15 fueron filmadas entre 1977 y 1982. Junto a otras modelos y mujeres del ambiente, formó una morbosa División Alegría de complicidad para los ratos libres de los milicos entre secuestros, picanas y torturas.


La historia tuvo su lugarcito en la ficción. Cristian Bernard y Flavio Nardini escupieron en 76-89-03 la parodia de tres adolescentes obsesionados con la vedette Wanda Manera, canon del modelaje en los años de la dictadura. En el transcurrir de la rutina, los jóvenes encuentran en el baúl de un auto la cantidad de dinero suficiente con la que, creen, podrán comprar el anhelo primario de conocer puertas adentro al gato del poder.